El verdadero valor de los negocios, ya sea este tangible o intangible, reside fundamentalmente en las personas, sin embargo, los intentos por incrementar esa aportación tienen hasta la fecha un éxito limitado. Podríamos interpretar que este fracaso se debe a la escasez de los recursos que destinamos a tal fin, o quizá, la explicación resida en la falta de coherencia entre la práctica diaria en la empresa y las metas que decidimos deseamos alcanzar en el desarrollo del potencial de las personas.
En la parte que nos afecta, y ya a nivel personal, podemos asegurar que invertimos nuestras energías e ilusiones, tanto en el ámbito empresarial como en el personal, de un modo un tanto desorganizado, lo que nos provoca una cierta insatisfacción, frustración, y sustancialmente, nos impide alcanzar nuestros objetivos en el plazo deseado.